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    Como afrontar la caída del autoestima en los ancianos

    El ser humano desde que nace debe afrontar muchos desafíos, sobre todo a edades específicas donde se generan los cambios más drásticos.

    De pequeños cuando el niño comienza a interactuar con otros bajo las normas de una escuela, mas adelante a los 12 años se presentan los cambios importantes de la adolescencia y todas sus complicaciones, alrededor de los 21 cuando muchos comienzan a consolidar la independencia de sus padres, un par de décadas después alrededor de los 45 con la llegada de la menopausia (en el caso de las damas) y la andropausia (En el caso de los caballeros)  y finalmente la delicada “Tercera edad” o la vejez.

    Al igual que los primeros años, la vejez es una etapa muy delicada en la vida de toda persona, pasados los 55 o 60 años los efectos de la edad son más visibles e influyen mucho en las habilidades que progresivamente va perdiendo la persona, en el rol que cumple dentro de su familia o sociedad y además tiene fuertes repercusiones en su autoestima.

    A causa de lo anterior, las cosas que para una persona eran cotidianas y sencillas como subir las escaleras o conducir un vehículo se vuelen cada vez más difíciles debido a la perdida de las habilidades necesarias para desempeñar estas tareas que en la juventud no representaban ningún reto.

    La disminución de la vista, la fatiga, problemas de memoria o incluso problemas de motricidad como los que presentan muchos ancianos al caminar, los obligan a dejar de hacer muchas actividades.

    En ese sentido la autoestima del adulto mayor puede disminuir radicalmente, incluso muchos ancianos manifiestan sentirse inútiles ante la imposibilidad de realizar una gran cantidad de tareas. Es por ello que se deben implementar una serie de estrategias cuando se entra en esta etapa inevitable de la vida o si se convive con ancianos.

    Estrategias

    En primer lugar, hacerle entender a la persona que envejecer es un proceso natural e inevitable, por el cual todas las personas deben pasar y no debe ser motivo de vergüenza o tristeza.

    Tener actitud positiva, sin importan cuantos años ya tenga cumplidos la vida siempre se puede disfrutar y más aun cuando se tiene una visión positiva de las cosas y se disfruta de lo que nos ofrece el mundo con buen humor.

    Compartir con familiares, amigos y conocidos

    En esta etapa donde ya no existen obligaciones laborales y muchas veces el tiempo no es una limitante, viajar, compartir y disfrutar del compartir con otras personas incluyendo si se tienen, hijos y nietos puede ser uno de los placeres más grandes de la vida.

    Mantenerse físicamente activos

    Dentro de las posibilidades de cada uno, aprovechar al máximo las actividades que aun pueda realizar sin lamentarse por las que ya no.

    Si le gusta bailar, baile. Si puede nadar, disfrute de una buena piscina o incluso encontrarse en silla de ruedas no es una limitante para darle una vuelta a la manzana o salir acompañado a visitar a algún vecino.

    Disfrutar de la naturaleza, tomar aire fresco y de ser posible, recorrer un parques o algún lugar donde pueda admirar la belleza de la naturaleza. Siempre es recomendable además visitar en familia algún rio, bosque o playa.

    Nunca es tarde para prender algo nuevo, la edad no es una limitante para seguir aprendiendo tal vez algunas manualidades, un nuevo idioma o incluso leer un nuevo libro son actividades que no tienen límite de edad.

    Ayudar a otros

    Al llegar a la vejez son muchas las cosas que se aprenden y que pueden ser muy útiles a los más jóvenes, enseñar desde las experiencias vividas es algo muy gratificante.

    Disfruta de las pequeñas cosas, como degustar su plato favorito, escuchar aquel disco que tanto le gustaba o visitar aquel lugar tan agradable son otras cosas que no se deben desaprovechar.

    Finalmente, sea usted un adulto mayor o el familiar de un, lo más importante en esta etapa son las relaciones significativas que se pueda mantener con la persona, la edad no es limitante para conversar con alguien que atraviesa su vejes, contarle como nos fue en el día, escuchar alguna anécdota, compartir o hacer alguna actividad juntos. Indudablemente esto ayudará a hacer esta etapa más gratificante y llevadera.

    Daniela Onofrietti2 Posts

      Psicóloga clínica y redactora.

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